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Deportes

Un consuelo de bronce

12/07/2014 | La golpeada Selección de Brasil y la Holanda de Van Gaal se enfrentarán esta tarde en el Mané Garrincha por el tercer puesto. La preocupación en el país anfitrión es saber cómo reaccionarán los torcedores brasileños.

El Estadio Nacional Mané Garrincha, de Brasilia, será de cierta forma el primer juzgado popular del fútbol contemporáneo. Allí jugarán esta tarde Brasil y Holanda por el tercer puesto de la Copa del Mundo, o mejor dicho, allí los jugadores brasileños que hace unos días perdieron por 7–1 ante Alemania se enfrentarán a su público, mientras que los holandeses intentarán cerrar su participación mundialista de la mejor manera posible, aunque su entrenador, Louis Van Gaal, haya dicho que estos partidos no deberían jugarse. Cómo reaccionarán los hinchas brasileños todavía es una incógnita, pero no se espera nada bueno. No hay certeza sobre lo que harán los tal vez 72 mil hinchas, pero que hayan quemado 15 micros la noche o que el equipo haya sido duramente criticado aún antes de la derrota podrían marcar un indicio de las expectativas de los brasileños.

Luiz Felipe Scolari y los principales referentes del plantel deberán afrontar 90 minutos que pueden exasperar aún más los ánimos de los hinchas si el resultado dista de ser positivo, o apaciguar mínimamente una derrota tan inesperada como dolorosa. Es por eso que en Brasil dicen que el equipo tiene mucho que perder en este partido con Holanda y casi nada para ganar, más que un puñado de medallas de bronce en un podio que completarán los dos rivales menos queridos: Argentina, cuya rivalidad tomó tintes violentos durante todo el Mundial, y Alemania, el verdugo que no sólo los dejó sin sueño sino que los humilló en el terreno de juego.

Sólo Neymar parece destinado a salvarse del juicio popular. No sólo por su lesión que lo excluyó de las semifinales y de ser parte de la catástrofe futbolística que hasta amenaza con desbancar al Maracanazo de 1950. Haber sido tal vez el único futbolista del equipo de Scolari en jugar al fútbol histórico del Scratch, de gambetear para adelante, y de ser, por su juventud, la esperanza para la refundación de una Selección que en los últimos mundiales –aún en los ganados en 1994 y en 2002– se alejó de la escuela que lo posicionó como la más poderosa del planeta, con ese tan pregonado “jogo bonito”.

De hecho, si los jugadores reciben un escarmiento público en Brasilia no será la primera vez que estos jugadores deban soportar la dura crítica de los hinchas. Después de la victoria por penales ante Chile, los brasileños mostraron su calentura no por haber tenido que sufrir hasta los penales para clasifcar a los cuartos de final, si por el llanto de la mayoría durante la definición, especialmente el de Thiago Silva. Por eso cuando el capitán le anotó el primer gol a Colombia, salió corriendo hacia la tribuna para gritar el tanto con mucho bronca. Como para desahogarse de tanta presión sufrida.

Más allá de la pena –algo poco probable después de las críticas a los llantos– y de la redención, algo que puede jugar a favor de los jugadores y del entrenador de Brasil es que parece haber demasiado desinterés por este partido en el ambiente del Mundial. Lógicamente esto no era lo que nadie en el país anfitrión esperaba. Ayer el estadio lució casi desierto, algo bien distinto a los días previos a otros partidos, a pesar de que allí estuvieron los entrenadores para la habitual conferencia de prensa. Al parecer, Van Gaal tenía razón, mientras que Scolari tal vez deseó que la FIFA lo hubiera escuchado y eliminado este partido.


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